miércoles, 23 de septiembre de 2009

¿Quién teme a UPyD?


Los que nos hemos interesado por UPyD desde el primer momento, ya sea participando en la vida ordinaria del partido o como simples simpatizantes, hemos podido identificar en estos dos años tres fases muy marcadas en cuanto a la relación entre Unión, Progreso y Democracia y los medios de comunicación.

Inicialmente, tras la fundación y con la mirada puesta en las elecciones generales del 2008, los medios, salvo excepciones, adoptaron una posición que condenaba al partido al ostracismo, simplemente no existíamos, ni para bien ni para mal. Por más puertas a las que llamábamos casi siempre encontrábamos las mismas respuestas: no tenéis derecho a minutos ni apariciones.

Tras el éxito de las generales del 2008 y hasta hace relativamente poco tiempo, el interés de los medios aumentó aunque manteniendo una adecuada distancia e insistiendo en su desconfianza por este proyecto “de ida y vuelta” según algunos.

En estos últimos meses las cosas han cambiado, pero a peor. De repente somos noticia (negativa) por cualquier cosa. La posición de UPyD en la votación sobre el Impuesto de Sucesiones es merecedora de críticas por los medios más conservadores que demuestran el más absoluto desinterés por la opción de otras formaciones políticas como UPN o el BNG que votaron en la misma línea que Rosa Díez. UPyD aparece día si día también en programas televisivos que en horario “prime time” no tiene el menor inconveniente en mentir diciendo, por ejemplo, que en Septiembre abandonaban el partido muchas personas con la imagen en pantalla del comunicado del “abandono” de dos personas de Aragón suspendidas de militancia hacía más de cuatro meses. Hasta esa fina analista política llamada Belén Esteban ha afirmado en un programa que Rosa Díez es una dictadora y que “se le está marchando la gente”. A todo esto hay que sumar los ataques que han/hemos sufrido bastantes compañeros por parte de unos pocos miserables que se esconden en el anonimato de Internet y que contaminan blogs y noticieros digitales.

Afortunadamente la realidad es otra, en Aragón hemos crecido de forma importante en número de afiliados y en breve, en un ejercicio de democracia que insisten en negarnos algunos medios, junto con los compañeros del resto de comunidades elegiremos a las personas que van a contribuir a aprobar un modelo de organización y un programa político en nuestro Primer Congreso.

Resumiendo, ¿por qué ahora somos blanco de las iras de aquellos para los que no existíamos hace tan solo unos pocos meses? ¿quizás alguien este preocupado por los resultados de las últimas encuestas que auguran muy buenos resultados en las próximas elecciones?.

“Que hablen de ti aunque sea mal” no es una opción. ◦
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1 comentarios:

Botijo de barro dijo...

Interesante cuestión...
Probablemente tiene que ver con los vínculos de dependencia mutua ue están consolidados entre los partidos tradicionales y los medios de comunicación.
No es difícil rastrear amores y fobias entre ciertos medios y ciertos partidos. De manera más o menos descarada, cada medio de comunicación tiene su partido favorito y su partido demonizado.
La afinidad por uno u otro partido alimenta la competencia entre los medios. Y al final todos dependen bastante de la publicidad institucional, es decir: del dinero que reparten discrecionalmente gobiernos y ayuntamientos.
En este esquema UPyD tiene un lastre muy importante para los medios: no está en su mano hacer favores.
Así que... en vista del creciente interés de los ciudadanos hacia este nuevo partido, que parece dispuesto a intentar la regeneración democrática, lo más prudente para los medios es criticarlo -ya que con ignorarlo no ha sido suficiente para hacerlo desaparecer.
En cambio no estoy de acuerdo en que no es una opción lo de que más vale que hablen de uno, aunque sea mal. Nos guste o no, en estos momentos esa es la opción. Infinitamente mejor que el silencio. Y por otra parte, cuanto peor hablen, mejor para UPyD. Significa que temen que pueda convertirse en una opción válida para muchos ciudadanos, y no en un mero partidillo exótico, sin futuro alguno.