
Ayer volvía a mi casa con mi hijo de cinco años, por la Avenida de la Hispanidad de Zaragoza, después de una de esas fiestas de cumpleaños que algunos padres soportamos estoicamente las tardes de los sábados. En esta avenida es prácticamente imposible cruzar más de tres semáforos consecutivos en verde así que es habitual que, aunque las distancias sean cortas, el número de paradas sea demasiado elevado.
En una de estas paradas a nuestra derecha se colocó un coche de la Policía Nacional que debido a una urgencia o simplemente porque se aburría de esperar el “verde”, se saltó el semáforo y avanzó a toda prisa. Mi hijo me hizo la pregunta de rigor: ¿Por qué la policía ha salido en rojo?, yo le contesté que probablemente sería porque tendrían que ir a alguna urgencia. Parecía que esta respuesta iba a ser suficiente, sin embargo el niño me sorprendió diciendo: “Tendría que haber una policía de policías”. Entrando en su juego, le volví a preguntar ¿Y quien vigila a los policías de los policías?. Los siguientes tres o cuatro minutos no los voy a explicar: entre risas crecientes, mi hijo repetía como un mantra: “… y a esos policías, otros guardianes de policías, y a esos guardianes, otros guardianes de guardianes de….”. Cuando consideré que la broma ya se estaba alargando demasiado le espeté, confiado de mi victoria dialéctica: “¿Y a los últimos, últimos, últimos guardianes quien los vigila?. Debo reconocer que me quedé sin palabras cuando la criatura me contesto: “…pues todos los humanos que no somos policías”.
Esta anécdota que he relatado me lleva a reflexionar sobre nuestro papel, como individuos, en la sociedad. Cada día conocemos nuevos casos en los que la gestión de nuestros gobernantes no es precisamente digna de elogio (no aporta nada a este comentario citar cualquiera de los últimos asuntos que han aparecido en los periódicos). Si pudiéramos graficar nuestra indignación en estos casos, ésta sería una Campana de Gauss, alcanzamos un máximo con cierta urgencia y con la misma la olvidamos.
Reconozco que no encuentro el resorte que altere este comportamiento, la capacidad que, en general, tiene la sociedad para desayunarse calentitos este tipo de sapos me sorprende. Los partidos políticos están ahí para realizar esta labor de vigilancia, sin embargo muchos de ellos no ofrecen la suficiente confianza que necesitamos los ciudadanos. Me afilié a UPyD porque creí que este partido podría ser el que recogiera ese testigo y encabezara esta “cruzada”. La tarea no es fácil porque estamos acostumbrados a olvidar muy rápido y nos resulta extraño que un partido político quiera mantenernos, metafóricamente hablando, en la parte más alta de la campana por la vía de repetir hasta la saciedad que algunas cosas no funcionan porque se están haciendo mal desde la base: es preciso reformar la Constitución, el poder judicial, el modelo de transferencias a las comunidades, etc.… y especialmente, regenerar la democracia.
Quizás algún día seamos una sociedad que toma una mayor responsabilidad sobre su presente y su futuro, entretanto no olvidemos que somos nosotros, "los humanos que nos somos policías" quienes debemos vigilarles a ellos. ◦
6 comentarios:
Creo que tu hijo tiene razón, todos los ciudadanos deberíamos actuar de "policías", estar atentos a la ruptura de las reglas y a la ausencia de calidad democrática. Sin embargo, nos han acostumbrado a la mentira como forma de manipular el voto, el exceso de información dificulta la memoria de mentiras y corruptelas pasadas, han sustituido la información por marketing político, tocando los resortes emocionales como buenos publicistas pero pésimos políticos. Y eso tiene como consecuencia la pasividad del ciudadano, buscada por los que se benefician de este estado de cosas. Debemos recuperar la claridad de ideas de las personas todavía no contaminadas por el sistema.
La verdad es que te puso en un verdadero compromiso. Creo que la respuesta es muy compleja, y si analizamos el problema y damos como solución que los vigilantes en último término somos lo individuos que pertenecen a la sociedad, tenemos un gran problema. Y ¿por qué?, porque la mayoría somos desconocedores de nuestros derechos y de nuestros deberes. Y además, se nos hace ignorantes deliberadamente para ser más controlables. Como dijo alguno, el individuo es inteligente pero la masa es necia por naturaleza, pero a su vez, el individuo es miedoso y teme a una masa en contra de el. He ahí donde se produce la acción de fuerza contra la que el individuo social no puede. Tenemos un miedo atroz a enfrentarnos a las administraciones que están para velar y preservar nuestros derechos, y tenemos tanto miedo que al final estas se vuelven en contra nuestra, violando nuestros derechos impunemente. Pues en ese punto nos encontramos actualmente, estamos escondiéndonos bajo nuestro caparazón, esperando no perder lo que hemos conseguido, pero a su vez estamos cayendo en las garras de la corrupción, solo por miedo.
Hay quien dice que el problema no es que tengamos malos políticos, sino que tenemos malos electores.
¿Eso de que los ciudadanos ejerzamos de vigilantes de los gobernantes es una quimera?
No debería serlo. En muchos países con larga tradición democrática es así. Los ciudadanos se saben "dueños" de la sociedad, y por eso vigilan a los gobernantes, a los que consideran como meros administradores a sueldo.
Pero... ¿es esa la actitud que predomina en España? Me temo que no. Más parece que contamplamos a los gobernantes con una actitud muy similar a la que deben tener las ovejas hacia sus pastores. Esperamos que ELLOS se ocupen de nosotros, de nuestra seguridad, de la educación de nuestros hijos, de nuestro futuro.
Jamás se ha visto a unas ovejas que vigilen a sus pastores.
Coincido al 50% con Benito Cereno. Pienso que tenemos malos politicos y malos electores.
Las actuaciones de nuestros gobernantes se nos ha hecho tan complicada de entender que en un instante nos parece sibilino o mal intencionado lo que minutos antes nos parecía inocente o torpe y en esta confusión andamos cuando descubrimos que el disfraz de cordero escondía un lobo avaricioso y despiadado, el Sistema está trucado, su mapa, que es la constitución, tiene demasiadas calles cortadas y donde había un muro nos pintan un perfecto trampantojo contra el que nos estrellamos un segundo después de quedarnos estupefactos, otra vez mas...y la culpa de todo la tiene un verbo, el verbo servir, que parece tener un defecto de origen y tiende indefectiblemente a la forma reflexiva...están tan cerca la una de la otra...servir....servir"se”. Al parecer éste es otro de esos asuntos que no tienen enmienda.
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