
Esta última semana ha sido pródiga en noticias relacionadas con el incremento de la factura del agua en nuestra capital. Sobre este asunto es preciso tener en cuenta dos componentes destacados: la obligatoriedad de ajustarse a la normativa europea que regula la subvención de este servicio por parte de las administraciones y la mejora del mismo, especialmente importante en estos últimos años.
En algunos pueblos de los alrededores de Zaragoza se recibe el agua de Yesa al 100% desde hace unos meses, lo que naturalmente ha obligado a sus habitantes a pagar más por el servicio. No obstante, este aumento del precio ha ido ligado a una mejora general: poder beber agua del grifo, alargar la vida de los electrodomésticos, mejor estado de la ropa recién lavada,... además de que es uno de los modos más efectivos para que las personas nos concienciemos de no malgastar el agua, esto es, gastar menos para no pagar tanto.
Por otro lado la Directiva Marco del Agua dice que hay que tender hacia la recuperación del coste de los servicios del agua. No es una obligatoriedad en sentido estricto, pero marca el camino. Indudablemente la tarifa tiene que subir para hacer frente a los mayores costes, es muy razonable y la tarifa en Zaragoza no es elevada en relación con otras ciudades. Aún así, no todos los costes se repercutirán pues gran parte de la inversión ha sido con fondos europeos (la conexión desde Yesa-La Loteta). Al incremento por el nuevo abastecimiento se junta el canon de saneamiento que cobra el Gobierno de Aragón para hacer frente a las inversiones y costes de explotación de las depuradoras de aguas residuales, de las que teóricamente Zaragoza estaría exenta pues ya pagó la suya, pero si no entra Zaragoza, todo el sistema del canon de saneamiento se vendría abajo. Sólo entrando Zaragoza tiene sentido una economía de escala que beneficia a una parte importante de la población. También es cierto que el Ayuntamiento ha invertido una importante cantidad de dinero en mejorar el servicio, y a pesar del aumento de población, el consumo se ha reducido en la última década, la red se ha renovado y hay menos pérdidas.
En definitiva, no veo muchos argumentos en contra de la subida. Una ciudad como Zaragoza debe tener agua de calidad, pero claro, hay que hacerse cargo del coste y el hecho de que el usuario pague por su coste real, siempre dejando un mínimo de bajo precio, redunda en la responsabilidad en el uso.
En colaboración con Zaragoza 2010 ◦
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