La oposición consiste básicamente en criticar de manera constructiva lo que hacen los partidos que gobiernan y, a la vez, presentar propuestas y alternativas a los acuerdos y decisiones de aquellos. Es de sobra conocido que hay diferentes formas de oposición: la oposición constructiva que valora ecuánimemente las decisiones gubernamentales y la oposición destructiva que critica todo lo que haga el partido en el poder. Sin ánimo de defender esta segunda postura, la de la oposición destructiva, incluso ésta tiene una brizna de sentido, al poner el “fin” por delante de los “medios” y defender de esta forma una estrategia a medio o largo plazo que, vista desde su punto de vista, es positiva para el país, autonomía o incluso ayuntamiento.
En Aragón las cosas no son tan sencillas, existe una “rara avis” que viene a echar por tierra la teoría anterior: se trata del Partido Aragonés Regionalista que simultanea tareas de gobierno con la crítica a este mismo gobierno. La lista de desencuentros PSOE-PAR empieza a ser muy abultada: al reciente “agravio a Aragón”, que el PAR interpreta que ha supuesto el recorte de las inversiones del Ministerio de Fomento, podrían sumarse los desacuerdos a cuenta de la Ley de Lenguas, la comarcalización, las políticas de recortes de gastos, la revisión del modelo de las consejerías de Agricultura y Medio Ambiente y un larga lista de asuntos, algunos de los cuales son de profundo calado.
Esta actitud es lo que viene llamándose “A Dios rogando y con el mazo dando”, es decir, el PAR continua anclado al sillón de gobierno a pesar de que tenga que “tragar” con todo lo que le eche el PSOE: aparentará, o pretenderá hacerlo, una postura digna defendiendo los intereses de “su Aragón”, pero detrás de esta máscara sólo se esconde un grupo (porque cada vez se parece menos a un partido político) que intenta defender su “status quo” por todos los medios. Su red clientelar es amplia y robusta, pero necesita del poder para sobrevivir y por esta razón el PAR debe perpetuarse en el gobierno.
En ocasiones se habla de que el primer interés, y a mucha distancia del siguiente, de cualquier partido político es el propio partido. Me resisto a admitir que sea así en la mayoría de los casos, especialmente si pensamos en las bases de los mismos. No obstante, si admitimos como cierta la proposición anterior y necesitamos un buen ejemplo, no hace falta viajar muy lejos porque aquí, en Aragón, tenemos en el PAR el paradigma de este concepto, aliado de tirios y troyanos y para el que la palabra “dimisión” no existe en su particular diccionario. ◦

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