Esto no es nuevo, ya hace más de 2.500 años, Solón, que suele considerarse como uno de los padres, quizás el más importante entre ellos, de la futura democracia ateniense, ya exhortaba a sus conciudadanos a participar activamente de la política de su ciudad. Dice Plutarco en uno de los capítulos dedicados a Solón en sus Vidas Paralelas que “de las demás leyes de Solón es, sobre todo, singular y extraña la que disponía que fuese notado de infamia el que en una sedición no hubiera sido de ninguno de los dos partidos. Era su objeto, según parece, que ninguno fuese indiferente o insensible en las cosas públicas poniendo en seguridad las suyas propias y lisonjeándose de no padecer y sufrir con la patria, sino que desde luego se agregara a los que sentían mejor y con más justificación, y les diera auxilio, corriendo riesgo a su lado, en lugar de esperar tranquilamente a ver quién vencía.”
La más clara vía de participación es la de la expresión de la propia voluntad en los distintos procesos electorales, no obstante en estos últimos años una de las derivadas de este proceso de concienciación ha sido la aparición de un buen número de partidos políticos de ámbito nacional. Entre ellos destacan por su éxito e implantación UPyD (con presencia en el Congreso de los Diputados, el Parlamento Europeo y el vasco) y en menor medida Ciutadans (con presencia en el Parlamento catalán). La mayoría entre el resto de los nuevos partidos ha tendido a localizarse en lo que algunos llaman centro.
Puede parecer excesivo que en el arco político convivan, nominalmente al menos, 68 partidos que tienen la palabra “centro” en su denominación, de los cuales 13 contienen “centro democrático” (clara alusión oportunista al legado del Sr. Suarez). El centro es por naturaleza algo mutable, la obligatoriedad de mantenerse equidistante de las posiciones de unos y otros, consigue que el centro se desplace a expensas de los movimientos estratégicos de los partidos que representan la derecha y la izquierda tradicional.
En un espacio diferente, y completamente delimitado, conviven los partidos nacionalistas o regionalistas. Aquí, curiosamente, ha resultado imposible asistir al nacimiento de nuevas fuerzas políticas, la capacidad de las existentes se basa en el exclusivismo y la aparición de nuevas ideas sería un disparo a la línea de flotación de muchos partidos que sobreviven gracias al mantenimiento de este “status quo”.
No parece que puedan aparecer nuevas e interesantes propuestas de partidos políticos en el corto plazo, de manera que, y como decía Solón, es momento de tomar partido por alguna de las opciones (¡aunque en este momento no estemos viviendo tiempos de sedición!). No es suficiente la postura cómoda de la abstención, el voto a la contra, en blanco o fácil. Esa cómoda postura tiene un origen muy conocido, el convencimiento personal de que “todos los políticos son iguales”. A partir de alcanzar ese convencimiento, el afectado deja de alterarse ante cualquiera de las noticias sobre corruptelas y desatinos varios con los que se pueda encontrar, convencido de que podrá paliar en algo su afección por la vía de la abstención o el castigo electoral.
Es momento por tanto de apoyar una opción por convencimiento propio de que es la mejor. Esta crisis institucional sólo tiene remedio mediante medidas de gran calado como la propia reforma del modelo de estado, la reforma electoral o de la constitución. UPyD es el único partido, con opción de influir en los distintos equipos de gobierno, que defiende valientemente estas ideas. En contra siempre estarán los beneficiados del sistema, que defenderán a ultranza el bipartidismo piedra angular del chantaje autonómico.
Ahora es su momento, ahora es nuestro momento. ◦

2 comentarios:
O sea que básicamente si Solón levantase la cabeza pondría esto patas arriba, llevamos unos años en este país que el ciudadano medio ha "pasado" de la política y hemos vivído en un materialismo carente de valores, así; "quien no se preocupa por la política deja que otros lo hagan por él" sería la enseñanza del griego de Atenas.
Creo que las próximas elecciones no pasará lo mismo debido al descontento que antes no existía.
Si algo positivo nos ha traido la crisis económica es que la ciudadanía se ha hecho más consciente de algunos de los graves problemas estructurales de nuestro país, así como de nuestros ayuntamientos y comunidades. Confío que esa rabia contenida, fruto de la pésima gestión de los partidos tradicionales, se desborde en las próximas elecciones.
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