Algunas de las competencias transferidas a las comarcas bien podrían encajar perfectamente en el modelo presentado, las más claras podrían ser Acción Social, Residuos Urbanos o Patrimonio Cultural y Tradiciones Populares. Para estas competencias se cumple la máxima de beneficiar a pequeños ayuntamientos por una simple cuestión de economía de escala y liberar a otras instancias más elevadas de la administración, que se aprovechan de la atomización competencial en lo que podríamos calificar como “Divide y vencerás” desde el punto de vista de la administración autonómica.
Sin embargo hay otras competencias para las cuales la excesiva atomización redunda en un peor servicio. Por definición la cultura, el turismo o el deporte son vías para “romper fronteras” en el mundo global en el que vivimos, consecuentemente la fragmentación comarcal corre en sentido contrario al progreso, no aplica por tanto en este caso lo de “Divide y vencerás”. Esta situación plantea además problemas de encaje, al intentar compatibilizar todas las administraciones competentes, en mayor o menor medida, veamos un ejemplo.
Tomemos cualquier comarca, por ejemplo el Somontano de Barbastro, en la que además de los 25 consejeros hay asignados más de 100 empleados, entre ellos 1 persona en Cultura, 4 en Deportes y 2 en Turismo, quedémonos con la cultura. Entre otras competencias, las comarcas son responsables del “fomento y apoyo de actividades relacionadas con la actividad artística, así como la difusión y conservación de las obras de los artistas” o de “promocionar la creación y procurar el mantenimiento de infraestructuras teatrales, cinematográficas, musicales y aquellas otras que sirvan como instrumento de difusión cultural”. Todo sería perfecto sino fuera porque en el Ayuntamiento de Barbastro también hay un Consejero de Cultura que maneja una apretada agenda de actividades como exposiciones en la Casa de la Cultura, talleres diversos, actuaciones teatrales, etc.
Todavía no acaba aquí la “cosa”, la Diputación provincial de Huesca tiene entre sus competencias incentivar la cultura ya que, según aparece en su propia página web, “El apoyo y difusión de la cultura por la geografía altoaragonesa es uno de los principales motores en el trabajo del área de Cultura. Para lograr este objetivo la Diputación Provincial de Huesca desarrolla importantes programas en el ámbito artístico y musical, al tiempo que promueve actividades de formación y concede diferentes ayudas tanto a las entidades locales de la provincia de Huesca como a particulares.”
Pero por si esto no fuera suficiente, la DGA también tiene entre sus competencias “Fomentar la promoción de la cultura aragonesa”. Suma y sigue.
Ahora multiplíquese el número de competencias, de dudosa adecuación al modelo comarcal, que han sido transferidas por el número de comarcas y por el número de personas asignadas en cada una de ellas. A la cifra resultante añádase las personas asignadas en los ayuntamientos, diputaciones provinciales y Diputación General y se obtendrá una cifra que debería hacer sonrojar a aquellos que defienden un modelo simétrico para las comarcas: ni todas las comarcas son iguales ni todas las transferencias son susceptibles de tratar con el mismo modelo.
La comarcalización “salvaje” va a significar una pérdida de competitividad para Aragón que se enfrenta al reto de la globalización desde unos supuestos que abogan por la desmembración de la comunidad. No sólo ha quedado demostrado que es un sistema que económicamente es inviable (al menos mientras tenga que existir paralelamente a ayuntamientos y diputaciones) sino que en el medio plazo va a representar un paso atrás en el desarrollo de la comunidad. ◦



