Hace unos pocos días el consejero municipal de Cultura, Educación, Medio Ambiente y Participación Ciudadana, Jerónimo Blasco, anunciaba la admisión de Zaragoza en la competición por la capitalidad Verde Europea en 2014. A cuenta de ese anuncio mantuve una breve charla a través de Twitter con algunos vecinos, unos a favor de la candidatura otros en contra.
En mi opinión las explicaciones de Blasco eran insuficientes en el sentido de que no daba una cifra cierta de los costes que podría tener para la ciudad, tanto en la fase de candidatura como en la de desarrollo, ni argumentaba con excesiva precisión a que se refería con aquello de que esta elección supondría un "activo para la captación de empresas verdes y la creación de empleo verde que es el empleo del futuro". Los zaragozanos ya hemos tenido suficientes activos no consolidados y deberíamos estar ya en fase de recoger el fruto de tanto esfuerzo pretérito.
Hoy he ido a dar un paseo en bicicleta por el Pasillo Verde, que podría ser un referente a la hora de presentar la citada candidatura en lugar de ser lo que es hoy (adjunto unas fotos de hoy mismo). No quiero parecer demagogo al insistir con este asunto, puesto que en repetidas ocasiones hemos dicho que, dada la precariedad de la economía municipal, es momento de acudir a los asuntos más urgentes y reparar una vía como el Pasillo Verde en su tramo del Barrio de Oliver, quizás sea menos urgente que otras necesidades como transporte o seguridad. Ahora bien, y teniendo en cuenta esto último, me sorprende la candidatura porque evidencia una manera de hacer las cosas que no debería imperar en nuestra ciudad: En lugar de preocuparse por los ciudadanos y de proveerles servicios de calidad, corren “un tupido velo” y se esmeran en aquellas actividades para mayor gloria de los propios consejeros o políticos.
Soy consciente que “rematar” el Pasillo Verde es infinitamente más caro que presentar la candidatura para este reconocimiento, a pesar de todo preferiría que los ciudadanos ocuparan el primer puesto entre las ocupaciones de nuestra corporación. Ciudad no es lo mismo que ciudadanos, y lo que es bueno para una no tiene porqué serlo para los otros, y viceversa. A mí, y a un elevado número de vecinos nos ilusionaría más un pasillo hoy, que una ciudad en el 2014, o para ser justo: nos ilusionarían las dos cosas si fuera posible.
Zaragoza. Octubre de 2.011 ◦






